Entrevista a Jordi Garrido. Comisario de exposiciones y crítico de arte

En nuestra búsqueda por conectar con referentes del ámbito cultural, hemos tenido el privilegio de conversar con Jordi Garrido, comisario de exposiciones y crítico de arte. Este espacio busca generar diálogo con otros profesionales para explorar nuevas perspectivas en el sector cultural y los desafíos que enfrenta el ámbito creativo.

Como parte de esta serie de entrevistas, te invitamos a echar un vistazo a otras conversaciones, como la que tuvimos con Hans Ludwig, compositor de bandas sonoras para exposiciones.

Con Jordi, nos adentramos en su trayectoria profesional, sus reflexiones sobre el panorama artístico y los retos que encuentran quienes trabajan en este apasionante, pero desafiante, ámbito de la crítica y comisariado de arte contemporáneo.

Sobre Jordi Garrido: comisario y crítico de arte

Jordi Garrido se ha dedicado especialmente al comisariado de exposiciones que abarcan desde la posguerra hasta artistas emergentes jóvenes. Su enfoque combina una revisión histórica de las vanguardias y la exploración de disciplinas consideradas "artes menores", como podría ser el textil. Un ejemplo significativo de este trabajo fue su colaboración con el Centre Grau Garriga de Sant Cugat, donde se revisó el papel del tapiz en la posguerra, destacando artistas como Aurelia Muñoz y Josep Ràfols Casamada.

El comisario subraya que su labor no solo implica exhibir obras, sino ofrecer una "distancia crítica" que permita contextualizar y proyectar el discurso artístico, algo esencial tanto para artistas consolidados como emergentes.

También destacamos su trabajo para sacar a la luz artistas que han quedado relegados por la historiografía. A pesar de haber alcanzado el éxito en vida, muchos de ellos, como Josep Ràfols Casamada o Josep Grau-Garriga, han pasado a un segundo plano con el paso del tiempo. Según Garrido, debemos investigar y reivindicar estas figuras para enriquecer nuestra comprensión del arte y la historia.

Tendencias actuales y futuras

Según relata Jordi, estamos en un momento de renacimiento de la pintura, especialmente entre generaciones que surgieron tras la crisis económica de 2008. Este retorno no solo es estético, sino también una respuesta a la lucha por la supervivencia que define el contexto actual.
En paralelo, observa un interés creciente por revisitar artistas y técnicas olvidadas o menospreciadas, lo que permite redescubrir su valor histórico y cultural. Esto incluye una revisión de género, una tendencia en auge que permite poner en su lugar a muchas artistas mujeres que han sido relegadas a un segundo plano o bien directamente olvidadas en la historia del arte.

La función del arte y el papel del comisario

¿Qué aporta el arte a la sociedad contemporánea? Para Jordi Garrido, en gran parte aporta la capacidad de ofrecer una visión crítica. En su opinión, el arte debería ir más allá de ser una experiencia estética y convertirse en una herramienta política y social capaz de cuestionar y arrojar luz sobre las problemáticas actuales, como la precariedad y las guerras, visibles e invisibles.

Sin embargo, lamenta que el arte se haya transformado en otro producto de consumo dentro de una sociedad "turbo-capitalista" impulsada por la velocidad e influencia de las redes sociales y sus algoritmos, llevando a la pérdida del poder y sentido crítico del arte.
Uno de los temas más recurrentes en la charla fue la precariedad económica que enfrenta el sector cultural. El infra financiamiento afecta tanto a las entidades públicas como privadas, lo que dificulta mantener estándares mínimos de calidad y respeto por el trabajo de artistas, críticos y comisarios.

Además, Garrido señala que la falta de financiación adecuada no solo afecta a los profesionales, sino también al impacto que el arte puede tener en la sociedad. Para él, el cambio debe venir desde las políticas públicas, ya que el ámbito privado está guiado por intereses económicos particulares.

Una visión crítica sobre las exposiciones inmersivas

Para concluir la entrevista, Jordi nos plantea una reflexión crítica sobre el auge de la inmersividad en las exposiciones. Según él, aunque estas experiencias pueden captar la atención del público y generar un impacto inicial, a menudo corren el riesgo de diluirse en un consumo efímero, propio de una sociedad hiperconectada y acelerada.

Desde su perspectiva, este tipo de propuestas deberían ir más allá del espectáculo visual para ofrecer una experiencia que fomente una mirada crítica y conectada con los retos contemporáneos. La inmersividad, comenta, tiene el potencial de ser una herramienta poderosa, pero siempre que se utilice para enriquecer el discurso artístico y no para convertirlo en un producto de entretenimiento.

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